Hatshepsut , La Reina/Rey.






En los últimos años hemos sido testigos de cambios vertiginosos en el ámbito cultural y político de occidente,el ejemplo suelen encabezarlo los movimientos sociales que busca reivindicar, visibilizar o rememorar causas como la tolerancia hacia los colectivos LGBTTI+.; no obstante, el más polémico siempre suele ser el caso de los individuos que se aceptan como personas “trans”.


Bien pueden ser transgénero o transexuales (el primer grupo busca su transición hacia un género distinto del que le fue asignado al nacer; el segundo grupo reafirma su transición con la alteración genital, más acorde al género con el cual se identifican),el punto es que grupos conservadores que acusan a la ideología liberal-progresista de promover e incitar a las nuevas generaciones a renunciar al orden binario (hombre-mujer).








Estatua encontrada en la supuesta tumba de la reina/rey, en el Valle de los Reyes.

Pero sucede algo curioso si revisamos la historia,especialmente si abandonamos occidente y nos vamos hacia el continente africano, para ser más precisos, hacia el antiguo Egipto. La civilización de los faraones, las momias y las pirámides conserva todavía muchos secretos, entre ellos está la historia de Hatshepsut, hija del rey Tutmosis I, de quien apenas hace un par de décadas se sabe que fue lo más cercano a una persona trans en la actualidad. Sucede que al fallecer su padre fue necesario que alguien conservase el linaje real de su dinastía (XVIII), cosa que tradicionalmente pasaba de padres a hijos primogénitos varones según el orden patriarcal de esta civilización.


En la antigüedad la realeza solía reproducirse entre miembros de la misma familia, como pasó con Hatshepsut y su hermanastro Tutmosis II, quien falleció al poco tiempo de consumarse el matrimonio. historiadores coinciden en ver en la reina no sólo ambición, sino también astucia y gran capacidad para disuadir a sus enemigos palaciegos, quienes quedaron poco conformes cuando ella decidió tomar el cargo de faraón, algo jamás registrado hasta entonces.


Después de 7 años, la reina/rey comenzó a adoptar una actitud y un carácter enteramente masculinos, hasta el punto de usar los atavíos propios de un rey, incluyendo la corona doble (Alto y Bajo Egipto) y la barba postiza.


Estos símbolos daban legitimidad al reinado de Hatshepsut ante el clero y la milicia, quienes nunca estuvieron de acuerdo con tener a una mujer como faraón, encarnación e hijo directo del dios Horus, según sus creencias religiosas.


Al poco tiempo de fallecer Hatshepsut su nombre fue eliminado de todos los templos, sus estatuas fueron destruidas, nariz y boca eliminadas por completo, lo cual imposibilitaba el paso del difunto al más allá.




La reina/rey gobernó una nación en continuo conflicto, hasta que otorgó el cargo de visir real a Hapuseneb, sacerdote mayor del clero de Amón, el dios más importante en la ciudad de Tebas, donde se encontraba la corte de Hatshepsut. Dar un título nobiliario a un personaje sin sangre real fue otra excepción a la regla, donde la reina/rey vio la gran oportunidad de tener estabilidad y bloquear a sus adversarios al interior del palacio.


Muchos aseguran que hubo algo más que amistad entre Hatshepsut y Hapuseneb, pues él mismo fue quien se encargó de colocar a la reina/rey en el Valle de los Reyes, última morada de los grandes faraones de la civilización del Nilo.



Los personajes masculinos quedaron a los márgenes; claro, con puestos importantes como arquitecto real, visir, superintendente del palacio, etc., pero dejando el más importante de todos, el de faraón, a una mujer: Hatshepsut, la princesa que se convirtió en rey y que descansó al lado de grandes figuras históricas como Ramsés II.



La reina/rey fue una gran diplomática, quien estableció relaciones comerciales con naciones como Punt, antiquísimos adversarios de los egipcios. Se dice que los habitantes de este lejano país quedaron impresionados con el despliegue de barcos y hombres (5 barcos y alrededor de 200 hombres), y de inmediato se mostraron abiertos a entablar diálogos comerciales con la corte de Hatshepsut.



Lamentablemente sabemos muy poco sobre Hatshepsut, su nombre y todo rastro físico de su existencia fue eliminado paulatinamente por las futuras generaciones de gobernantes, especialmente las dinastías XIX y XX. Pero gracias al trabajo de historiadores y arqueólogos se ha logrado rescatar algo de información en papiros, templos e inscripciones sagradas que sus adversarios no lograron borrar;Hatshepsut falleció en el año 22 de su reinado, y en seguida se solicitó que fuese eliminada de la lista de los reyes de Egipto por órdenes del clero.


Pero se cree que la orden venía de su hijastro, Tutmosis III, quien la sucedió en el poder.ya que ambos fueron mandatarios a la par cuando él alcanzó la mayoría de edad, lo que no logró que Hatshepsut renunciase a la corona y a su lugar como faraón. A pesar de los intentos por borrarla de la historia, hoy podemos estar seguros de que las personas trans existieron desde tiempos remotos (con matices históricos distintos), y que no se trata de un invento o moda propia de la “ideología de género”.









El ejemplo de Hatshepsut es muy lejano, pero siempre podemos recurrir a la historia o a la literatura en búsqueda de personas afines,se tiene poco o casi nulo registro, pero que permanecerán como evidencia de que las ideas y los valores de verdad son relativos al contexto histórico en el que se desenvuelven, y que el ser humano se crea y se reinventa a sí mismo con el paso del tiempo.









29,Mayo 2021

Urbana Trans

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